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En defensa de la comunicación política en los ayuntamientos

19/07/2018 | por Cecubo

Estamos acostumbrados a que la comunicación política se confunda con la definición más perversa de la propaganda, reduciéndose al simple ejercicio de elogiar al “tuyo” o denigrar al “otro”; o siendo la herramienta que o bien sirve como operación cosmética o bien como arma arrojadiza.

Toda esta utilización de la comunicación política se aleja de los principios éticos sobre los que debe fundamentarse y, en vez de contribuir al prestigio de la política y de las instituciones, facilita e incluso potencia su descrédito.

Es muy común encontrar a lo largo del año informaciones como la siguiente: "La creación del puesto de jefe de prensa en el Ayuntamiento de Haro, a debate en el próximo pleno". Sin ser concedores del caso concreto, los profesionales de prensa de los ayuntamientos al igual que los especialistas en comunicación política de estos entes locales se ven envueltos habitualmente en la refriega política desacreditanto o, incluso, denigrando su profesión.

 

En Cecubo Group no es así como la entendemos. No es así como debe ser entendida la comunicación política, pero sí son muchos los políticos que siguen creyendo que un gabinete de comunicación no tiene más función que vestirlos bien a ellos y desvestir peor a los rivales.

Situados en esa posición, nos encontramos, al igual que muchos compañeros de agencias de comunicación, ante las reticencias que manifiestan respecto a la contratación de un servicio que, teniendo en cuenta las dinámicas de las sociedades actuales inundadas de mensajes, debiera ser nuclear en la estructura de las instituciones que gestionan y representan.

En esa línea, son bastantes los Ayuntamientos y otras instituciones que no disponen en estos tiempos de un gabinete de comunicación, y eso, como decimos, se debe a la imagen distorsionada que de esos gabinetes se ha fraguado en la opinión pública, una imagen derivada de la utilización partidaria que se hace de ellos.

 

Es necesario que, desde las agencias, desactivemos esa imagen negativa que la comunicación política tiene en la administración local.

 

Si esa imagen negativa es la prevalente y no se combate desde el propio sector de la comunicación, son entendibles las dificultades que los organismos públicos encuentran a la hora de convencer a la ciudadanía de la necesidad de contar con un equipo dedicado a construir un espacio comunicacional en el que desarrollar y exponer sus actividades, propuestas y objetivos, un espacio que permita algo fundamental: el establecimiento de canales óptimos de relación con los ciudadanos. Se habla cada vez más de la transparencia como de una obligación a la que los diferentes poderes deben atender de forma inexcusable, pero para llevarla a cabo con eficacia no basta con abrir puertas y ventanas, sino que se hace necesaria la articulación de estrategias que dinamicen su ejercicio.

 

Es necesario desactivar esa imagen negativa que, en un marco de disputa política que admite cualquier tipo de munición, dificulta la contratación del servicio, y para ello las agencias de comunicación deberán reivindicar una comunicación política sustentada en la ética y en los valores de la sociedad democrática con los que, de ningún modo, deben entrar en colisión; una comunicación política comprometida con la verdad; una comunicación política respetuosa con la discrepancia, pero inmersa en el debate social; una comunicación política dispuesta a escuchar y preparada para transmitir, abierta a las demandas y capacitada para organizar respuestas satisfactorias.

Es, por lo tanto, deber de las agencias de comunicación situar su actividad en los estándares de la democracia mas exigente y sustentar sus servicios sobre la base del rigor y de la honestidad.

 

No se puede vivir sin comunicar. No se puede hacer política sin comunicarla, y la salud civil de una ciudad o pueblo depende, en gran medida, de la calidad de los mensajes que se intercambian entre ciudadanía y gobierno.


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